domingo, 22 de mayo de 2016

Carta del arzobispo de Madrid en la solemnidad del Corpus Christi

Ante la próxima celebración de la Fiesta del Corpus Christi, el próximo día 29 de mayo, quiero aproximaros lo que significa para nosotros los cristianos la realidad de la presencia viva y real de Nuestro Señor Jesucristo en el misterio de la Eucaristía. Dios mismo presente entre nosotros, a nuestro lado, acompañándonos en nuestra vida diaria. Él ha querido quedarse con nosotros, permanecer entre nosotros para que nos alimentemos de Él, para que lo contemplemos, para que lo adoremos, para que cada día más y más «eucaristicemos» nuestra vida, y sea desde ahí desde donde vayamos hacia los demás, desde donde hagamos nuestros proyectos de vida personales y comunitarios, desde donde encontremos la pasión por entregar la Buena Noticia a todos los hombres y en todas las circunstancias.
Este año el lema que nos convoca a esta Fiesta es Cristo fuente de la Misericordia. ¡Acompáñale!. La misericordia es la expresión del corazón de Dios delante de la miseria de su pueblo. ¿No recordáis el momento en que Dios se le aparece a Moisés en la zarza ardiendo y le dice «he visto la aflicción de mi pueblo»? Dios, siempre preocupado y ocupado por los hombres. Tanto es así, que llega un momento de la historia de la humanidad en la que Dios envía a su Hijo Jesucristo a este mundo, se hace hombre, no retuvo el ser igual a Dios, pasó por uno de tantos. Es la expresión más grande de misericordia y de amor. Y esto lo sigue haciendo el Señor hoy. En el Misterio de la Eucaristía nos acompaña, nos alienta, nos da de su vida, su amor, su entrega, nos manifiesta su cariño. Y lo hace incondicionalmente. A todos los hombres desea acercarse. Y quiere hacerlo, para que de lo que Él nos da demos nosotros. Se trata de dar de lo suyo, no de lo nuestro. Dar a Dios mismo. Ser rostros de la misericordia de Dios. No es fácil para nosotros. No es fácil hacerlo desde nuestras fuerzas. Sí es fácil hacerlo con la gracia de Dios, que nunca falta, cuando se la pedimos de corazón.
Os invito a vivir la Fiesta del Corpus Christi integrando estas dos realidades: 1) Celebrando y viviendo la Eucaristía. Que ella te lleve a ver que tu misterio se descubre en toda su plenitud, cuando te dejas hacer por la Eucaristía. Es decir, dando la vida por los hombres y acogiendo la gracia de un Dios que desea ocupar tu existencia para que puedas decir como San Pablo, «no soy yo, es Cristo quien vive en mí». Y, 2) Asiste a la procesión, cuando el Señor sale a nuestras calles y las inunda con su presencia. «¡Acompáñale!», aproxima su misericordia a todos los hombres. El amor de Dios incondicional es para darlo, manifestarlo y no retenerlo. Deja que Él te contagie su modo de ser y de estar con los hombres. «¡Acompáñale!} de corazón y en toda su verdad. Que vean que crees en la acción de su presencia.
De Cristo mana la misericordia. Él es fuente de misericordia. Los hombres estamos necesitados de saciar nuestra sed en esa fuente. La humanidad para renovarse desde dentro, necesita de esta agua viva. La presencia real de Jesús en la Eucaristía renueva a los hombres, suscita y genera amor en los corazones, engendra creatividad, comunica fuerza, constituye la mejor operación que se puede hacer en el ser humano para cambiar su corazón.
Familias, ¡participad de la Eucaristía, entrad en comunión con quien es Fuente de misericordia, contemplad la presencia del Señor, acompañad a Jesucristo por las calles!.
Jóvenes, ¡tened pasión por renovar la sociedad desde dentro, dejaos cambiar el corazón por Cristo, alentad una nueva época marcada por la alegría que genera Jesucristo! Tomemos la decisión de vivir como Él, en la entrega a los demás, viendo en cada hombre una imagen viva y preciosa de Dios mismo, siendo valientes ejecutores de un cambio que comienza cuando nos dejamos transformar el corazón por Nuestro Señor.
Con la seguridad de que la Virgen Santísima nos acompaña en esta Fiesta y que lo hace con la alegría con la que acompañó las bodas de Caná y nos dijo «haced lo que Él os diga», os bendice
+ Carlos, Arzobispo de Madrid

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