domingo, 15 de noviembre de 2015

Carta del arzobispo de Madrid con motivo del Día de la Iglesia Diocesana

A la luz del Año de la Misericordia celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, con este lema: Una Iglesia y miles de historias gracias a ti. Miles de personas, de familias, de situaciones, se han podido resolver gracias a tu aportación. Las aportaciones de todos hacen que las matemáticas de Dios se impongan y así resulte que cuando se suma y se divide estamos multiplicando. Esto es lo que sucede con tu aportación. Vamos a celebrar un Año de gracia, viendo y contemplando cómo es el rostro de Dios, ese que se nos ha revelado a través de la Encarnación de su Hijo en Jesucristo Nuestro Señor. El amor misericordioso a todos los hombres, la salvación, en esa expresión extrema de su amor, que va más allá, más adelante, e incluso se pone más atrás para empujarnos a dar la desmedida de su amor. La Iglesia siempre tiene que mirar y pensar en el lugar donde tiene que realizar la misión, aquellas palabras de Jesús: «Como el Padre me envió al mundo, también yo os envío al mundo» (Jn 17, 18 y 20, 21).
La Iglesia no puede guardar para sí la alegría del Evangelio manifestada en la misericordia
Nosotros aquí en Madrid pensamos en estas palabras del Señor. En ellas Jesucristo fundamenta toda la misión apostólica que la Iglesia ha recibido del Señor. Se trata de nada más, ni nada menos, que de proclamar a todos los hombres la salvación de la que ella misma vive. Cristo en su Encarnación es el testigo del «grandísimo amor con que el Padre nos ha amado». La Iglesia no puede guardar para ella esta alegría del Evangelio, de la salvación. Tiene que comunicarla y hacerla presente en el corazón de esta historia. Necesita de ti para seguir siendo «una Iglesia y miles de historias gracias a ti». Necesita tu ayuda, también la ayuda económica, esa que todos, entre todos y para todos, hace posible que lo poco o mucho de cada uno, uniéndonos muchos, podamos seguir realizando miles de historias de salvación y de vida. Para ello, la Iglesia utiliza los medios normales de presencia y de comunicación que tienen los hombres en la realización de sus vidas y de su historia. Hoy te pido tu colaboración sincera en todos los aspectos de la vida, también en el económico. Tenemos que ser discípulos misioneros, hemos de hacer la evangelización, pero la tenemos que hacer desde el principio de encarnación desde el que la Iglesia tiene que realizar su misión.
La evangelización necesita hacer visible real y pública el anuncio del Evangelio
Es verdad que la evangelización es el acto por el que la Iglesia convoca a todo hombre a descubrir la realidad de la salvación y a entrar en ella mediante una participación tan plena como sea posible. Es verdad que en este acto, se necesitan fundamentalmente testigos con la fuerza de Jesucristo, al estilo de aquellos primeros con los que nace la presencia pública de la Iglesia; pero estos testigos necesitan de medios materiales para que el acto se realice en la realidad de la encarnación. La realidad de la vida de la Iglesia-comunión es inseparable de unos actos-sacramentos, que manifiestan la realidad ontológica de esta comunión. Aquí es donde entra en juego la cuestión de la visibilidad real, pública, manifestada por medio de actos anunciadores explícitos del Evangelio llevados a cabo por una comunidad creyente. Y quizá en nuestros días es lo que nos cuesta más ver, ya que hemos convertido la fe en un asunto privado y de conciencia que nos refugia en la interioridad individual o en formas subjetivistas o pietistas de la vida cristiana. Necesitamos mostrar a todo hombre que busca a Dios o que se deja tocar por la fuerza de su Palabra, que la Iglesia es el lugar-sacramento, el lugar de una transfiguración misteriosa del sentido de todos los gestos que constituyen nuestro ser de hombres por y para el amor de Dios. En cada parroquia, en todas las comunidades cristianas, la Iglesia vive y se acerca a miles de historias de hombres y mujeres, de familias, de instituciones. Y lo hace contigo. Por eso ayuda a tu parroquia para que sea un lugar desde el que se visibiliza con dinamismo el amor de Dios. Ayuda a la Iglesia.
Hoy os pido ayuda económica y también que activéis vuestra fe
Sin la vitalidad de la Iglesia, no existe ninguna posibilidad de evangelización. Pero esa misma vitalidad nos está pidiendo medios para realizarla. En este Día de la Iglesia Diocesana os pido ayuda económica para tener esos medios. Nuestra Iglesia diocesana necesita de lugares de culto nuevos y de sostener los que tenemos, de lugares de reunión y de catequesis, de medios de comunicación social, de materiales de evangelización, de personas dedicadas exclusivamente a anunciar el Evangelio. Tiene que seguir ayudando a personas concretas de todas las edades para que vivan con la dignidad que Dios nos ha regalado al ser humano, que tengan lo necesario. Tiene que ayudar a niños, jóvenes, familias, adultos, ancianos. Miles de historias están esperando que Jesucristo se acerque a ellas. Y Nuestro Señor quiere que en esas historias entres tú y seas Él para ellos.
Es necesario el apoyo de todos los cristianos en la misión de la Iglesia
Todo esto requiere de todos los cristianos un apoyo sincero y total, desde el convencimiento absoluto de que la salvación está en Nuestro Señor Jesucristo. La Iglesia siempre ha querido establecer en el corazón donde habitan los hombres y mujeres (que es nuestra tierra en la historia concreta en la que vive) una presencia pública y manifiesta, desde la convicción de que la aventura de la santidad cristiana es una aventura pública a través de la cual se acerca Cristo a todo hombre. No se trata de enclaves sagrados en un mundo profano y secularizado, sino del poder de manifestación que Cristo, Señor del cielo y de la tierra, ejerce en el espacio público en el que habitan todos los hombres. Sabéis que el día 8 de diciembre, con motivo del comienzo del Año de la Misericordia, el papa Francisco abre la puerta santa en Roma y que al domingo siguiente se abre la “puerta santa” en nuestra catedral de Madrid. Es tiempo de gracia para poder hacer visibles las obras de misericordia, las espirituales y las materiales. Salgamos de la pasividad y con obras concretas, mostremos el amor misericordioso del Señor. Proyectos e iniciativas no faltan, ya que la fe y el encuentro con Jesucristo engendra siempre creatividad, pero necesitamos que todos los cristianos en la medida de nuestras posibilidades pongamos nuestro óbolo al servicio de todos para anunciar con obras y palabras a Jesucristo.
Que Santa María la Real de la Almudena nos ayude a todos a entender lo que el Señor quiere de nosotros: «vosotros sois la luz del mundo. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa» (Mt 5, 15). Porque la casa son todos los hombres y mujeres que habitan en este mundo creado por Él.
Con gran afecto, os bendice,
Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

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